El complejo vínculo con la comida
Obesidad, anorexia, bulimia, “Comedores Selectivos” (cuadro que se caracteriza por ingerir muy poca variedad de alimentos pero en grandes cantidades). Son todas patologías que fueron incrementándose en forma alarmante y deben ser consideradas como males de la época. En esta ocasión pondré el acento en dos ejes: obesidad y niñez.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos de alimentación son unas de las epidemias que caracterizarán al siglo XXI, en tanto vivimos en una sociedad que empuja al consumo excesivo que induce y seduce a comer en demasía (por ejemplo, hay un helado en el mercado que se llama “Sin Parar”). Estas patologías aunque diagnosticadas y verificadas históricamente, cobran hoy un nuevo estatuto cuando vemos multiplicarse los casos. Considero que hay que leerlas como modernas adicciones y a la obesidad como el paradigma de la sociedad de consumo. En cuanto al niño obeso “actual”, encerrado en una doble captura: dependiente tanto de un medio familiar con prácticas y hábitos que lo engordan como de un contexto social que incita a tomar el alimento como objeto de goce.
Si uno de cada diez niños en edad escolar tiene sobrepeso y dentro de ese grupo, la cuarta parte es obesa, entonces: el problema es biopsicosocial. Es público y es privado.
Cuándo se considera que un niño es obeso? Cuando su peso es 20% mayor que el peso esperable. Si el sobrepeso se presenta en la primera infancia, no estará tan comprometido su problema de obesidad a futuro, pero si llega a la prepubertad o pubertad obeso, es mucho más preocupante ya que los adipositos se multiplican conjuntamente con las células del crecimiento y le será mucho más costoso bajar de peso.
Ahora pensemos en ese púber, en los cambios físicos y psicológicos que atraviesa. Esta etapa, crucial, merecería mayor objeto de estudio (quizá motivo de otra entrega) Freud la denominó como “La metamorfosis de la pubertad”. Es el tiempo que vivirá grandes transformaciones en su cuerpo y en su psiquis. La de mayor trascendencia es la asunción y definición del propio sexo (biológico) por emblemas que hagan a su ser sexuado; varón o mujer (sexo psicológico). Metamorfoseado en gordo, el púber, atrasará este proceso electivo: sus kilos ocultarán las formas propias de lo femenino/masculino. De seguro será estigmatizado por el grupo de pares, le costará integrarse, hacer deportes, vivirá importantes angustias. A pesar de que existen otras patologías más graves que se desencadenan en esta etapa evolutiva, el drama de la obesidad es su visibilidad, se transparenta, no se puede velar como otros padecimientos y la exposición incrementa el círculo vicioso del problema. Además, a esta edad comienzan con sus primeros ensayos como “consumidores independientes”, irán solos a conseguir lo que engorda buscando por sí mismos una satisfacción inmediata y repetida para seguir habitando un cuerpo infantil.
En mi práctica con niños y adolescentes observo a diario cómo van en aumento los hábitos engordantes, los pensamientos engordantes. Creo poder relacionar ambos mecanismos con la dificultad cada vez mayor de sentarse pacíficamente alrededor de la mesa familiar donde cada uno ocupe su lugar, simbólicamente hablando. Comen rápido, sin registrar lo que se come, mirando televisión. No saborean la comida, no incorporan variedad de alimentos, comen solos, picotean. La comida y los objetos son ahora la fiel compañía.
La comida en el origen
El ser humano no es un sujeto de la necesidad, es la madre o sustituto materno quien traduce la satisfacción de las supuestas necesidades del niño: alimento, calor, sueño, higiene, etc. Y además lo pone en palabras, le dice: “tenés hambre, tenés frío”. No sólo lee sus necesidades, sino que las constituye, por lo tanto lo que prima es lo que se crea en ese juego de intersubjetividades. Es el amor y los cuidados que se le procura, lo esencial de esos primeros contactos, el alimento es entonces, y muy tempranamente un intermediario entre esa función materna y el niño.
Será el pecho, luego el alimento, objetos en torno a los cuales se pone en juego la pulsión oral. Sólo así podemos comprender el valor agregado, fijado y subjetivo que tiene la relación con la comida, por lo tanto: si en torno al acto de comer se presentan los mencionados desórdenes alimentarios es evidente que habrá que investigar y ahondar en estos primeros vínculos.
¿Qué hacer ante este panorama?
La familia, la escuela, el club, los profesionales que atendemos a estos niños debemos estar advertidos y realizar cambios. A los padres: que no traduzcan cualquier demanda del hijo en gratificaciones orales. ¡A moverse más!: poner límites a los juegos o programas que invitan a la pasividad ( T.V., internet, video game). El mayor confort agregó actitudes sedentarias y muchos niños obesos actúan como pequeños Amos: alcanzáme, hacéme, traéme… que el movimiento sea parte de sus vidas, jugar con otros y en familia, utilizar el espacio exterior. Que los juegos y deportes se realicen en forma recreativa o compitiendo sin presiones. Y para que este mensaje llegue y sea coherente con lo que deseamos inculcar, no ser meros observadores: hay que poner el cuerpo.
Transmitir que lo agradable en la vida pasa por hacer cosas compartidas y eso no se come ni se compra. Incorporar (función que también tiene apoyatura en la pulsión oral) otros valores; un ejemplo son las reuniones familiares, que no se centren sólo en lo que se va a comer, que la comida deje de ser el único refugio y el único apoyo de la satisfacción oral. La oralidad bien entendida pasa por saber expresarse mejor en palabras, dialogando y que esas palabras nombren sentimientos y afectos. En fin, que puedan contar lo que les preocupa y lo que les alegra a ellos y no lo que los padres quieren escuchar.
Muchas veces hay que instrumentar desde la consulta psicológica a los propios niños o adolescentes para que aprendan a decir “no” ante la oferta en exceso del lado de los padres o del medio social que los rodea.
Familia, comunidad y country
Como quedó esbozado más arriba, el vínculo pegoteado con la comida es una forma de evitar la complicada pero enriquecedora relación con los otros.
El country es ante todo una posibilidad de encuentro y convivencia con otros. Además de los espacios verdes, la casa que muchos concretaron como sueño….
¡El country es ante todo la gente!
Estas urbanizaciones, aunque cerradas hacia el afuera, recrean, en parte, aquella familia extendida donde otros mayores además de los padres, daban una primera orientación de cómo manejarse frente a la estructura social, al código social, todo lo que se encuentra debilitado en el mundo moderno. Promover entonces el encuentro grupal intergeneracional, instalar temas que hagan a la salud, convivencia, la recreación y por sobre todo LA TOLERANCIA.
Contar con esta publicación es una de las formas de construir un lazo con los otros a partir de temas que nos preocupan y ocupan a muchos. Felicito a las editoras de la revista por la idea.
Liliana Satentur
Psicoanalista
Publicado en “Ojo al Piojo”
Marzo 2009
Medio gráfico de la Zona Sur