EL DIFÍCIL VÍNCULO CON LA COMIDA
Se presenta como cualquier adicción. Como exceso o como “picoteo”. Se intenta tapar diferentes estados de ánimo: dolor, enojo, culpa, incertidumbre, aburrimiento, angustia, inhibición. Sin embargo, hay recursos psicológicos para no caer en la compulsión y que también evita la caída en el exceso.
Es cierto. Es una relación complicada la que tenemos con la comida, ya que sin ella no podemos subsistir. Es necesaria para la vida misma. Con otras adicciones, el apartamiento del objeto adictivo se recomienda que sea total. En cambio acá, no. Debemos mantener un vínculo saludable y resolver el conflicto.
Les propongo entonces estar advertidos de dos situaciones:
a) Pensar en aquello que nos lleva a refugiarnos en la comida.
b) Reconocer cómo se dispara la cadena compulsiva. Me refiero a registrar esa sensación de aburrimiento, urgencia. También de alegría, excitación, o quizás de autopunición. Captar ése momento y plantearse el corte.
Un ejemplo de la cadena compulsiva: 1) compro chocolates con el fin de racionarlos. 2) los escondo en un lugar, intentando que no estén tan a mano. 3) siento algo relativo a la urgencia y voy al “escondite”. 4) como sin registro. 5) como mirando TV-leyendo, etc.
COMIENZA EL CÍRCULO VICIOSO
Me siento culpable ‑ Se reitera el círculo vicioso y ¡¡como más!!
Reitero: se puede hacer un corte en este encadenamiento compulsivo para evitar el exceso.
Hay recursos, tácticas y estrategias, que juntos podemos pensar y poner a trabajar.
Nos encontramos en la próxima comunicación.

Lic. Liliana Satentur
Asesora psicológica de SABOR+VIDA